Peligros en el parto
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Al nacer tragué la placenta y estaba en estado de coma. Decían que iba a morir.
Una enfermera muy devota de san Martín de Porres me tomó y me ofreció pidiéndole que me salvara.
Yo no había podido llorar y la enfermera con su boca había tratado de aspirarme.
De un momento para otro he podido expulsar lo que me atragantaba y volver a la vida.
Rezar pidiendo tener un hijo
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Yo soy una persona que siempre creía que los hijos los tenían las mujeres sin dificultad, así llegué a expresarsélo un día a mi madre. Cuando me casé y pasó el tiempo sin poder concebirlos, como lo esperaba, mi desesperación llegó a tal grado que me preguntaba ¿por qué Dios? ¿por qué no puedo tener bebés?.
Para mi tormento veía los programas de televisión donde aparecían bebés tirados en la basura, abandonados en la calle y me entraba un profundo sentimiento que no podía contener y soltaba el llanto.
Después de varios tratamientos sin resultado, un 25 de diciembre al contemplar el nacimiento abracé muy fuerte a dos imágenes del Niño Dios que estaban allí. Llorando supliqué que, por favor, me enviara un bebé.
En el mes de enero siguiente, al hacerme el chequeo normal, grande fue mi sorpresa que
estaba embarazada ¡gracias Dios mío! ¡gracias¡. Ahora tengo 2 niños.
Entregarse a Dios en el sufrimiento
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En abril del año 2001 tenía 5 meses de embarazo y mi médico me envió hacer una ecografía. El radiólogo que la practicó me dijo que el feto no tenía el tiempo que decía mi médico, que mi bebé traía un retraso de crecimiento intrauterino debido a tres posibles causas: constitución (por ser los padres de estatura mediana), algún problema en el cordón umbilical o el más grave de todos un problema genético. Mi médico se inclinó por la última posibilidad, nos diagnosticó varias cosas: retraso mental, malformaciones físicas y posible muerte del bebé en el momento de nacer. Nos aseguró que la placenta no iba a aguantar y que máximo a los 6 meses de embarazo debía sacarme el bebé y nos insistió en que debíamos informanos sobre el plan canguro. Además el bebé debía llevar durante un tiempo un cilindro de oxígeno. Recurrimos a 4 médicos más y el diagnóstico fue el mismo.
Desde ese momento mi vida se complicó. Mi matrimonio se dañó, tuve que separarme cuando me enteré que mi esposo tenía amante.
Tenía 7 meses de embarazo y asistía a exámenes 2 o 3 veces a la semana, todos eran negativos.
Tristemente, en ese momento me acordé de Dios, tuvo que pasar esa situación tan delicada para hablarle e implorarle que tuviera compasión de mi bebé y de mi. Mi esposo no volvió a acordarse de nosotros, mi dolor fue más grande. Estuve en terapia psiquiátrica, pasé muchas necesidades porque no tenía trabajo. A los 8 meses, en mi cara se reflejó una parálisis facial, la boca me quedó en la mitad de la mejilla derecha y el ojo izquierdo quedó abierto. Le dije “Dios te ofrezco la deformación de mi cara a cambio de la salud de mi bebé”.
Durante ese último mes de embarazo los médicos le diagnosticaron a la bebé (ya sabíamos que era niña) hipotelorismo, es decir, traía las cejas unidas y húmero corto o brazos cortos.
Dios empezó a hablarme a través de mi hija, aún en la barriga sentía que iba a nacer bien y cuando me dolía el oído a causa de la parálisis yo sentía que mi bebé me acariciaba desde adentro con la manito, era hermoso. Llegó el día -1 de julio de 2001, 6:50 de la mañana- nació Paula Andrea a los 9 meses de embarazo, parto normal, sin deformaciones ni retrasos y como todo lo que viene de la mano de Dios nació hermosa, no necesitó de incubadoras ni hubo necesidad de dejarla hospitalizada. Ahora, ya tiene 15 meses y casi camina, es la bendición más grande de mi vida y de mi familia. Siempre que la miro veo la inmensa misericordia y el poder infinito de mi Padre Celestial, y no me canso de pedirle perdón por haberme acordado de El en la dificultad. Cuando mi hija sonríe me sonríe Dios. Al mes y medio de ella nacer me llamaron a trabajar en una entidad del gobierno. Este trabajo fue la terapia para mi cara, a los tres meses me recuperé en un 95% .
Mi matrimonio lo dejé en manos de Dios pero El me ha hablado y tengo la convicción que su voluntad es que seamos de nuevo una familia unida en oración.
Liliana
Dios conduce hacia la cura médica
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En Julio del 2002 tuve que entrar a ver una autopsia obligada por mi trabajo. No esperaba ver lo que vi (un joven que se había suicidado). Entré inmediatamente en shock y caí al hospital. Por 3 meses entraba y salía del hospital con un dolor terrible de cerebro y los doctores sólo me daban pastillas para dormir y nada para el dolor. Me dijeron que mi cerebro estaba inflamado y que mis nervios eran como cables de la luz pero sin protector, estaban pelones y cuando chocaban uno con el otro yo tenía ataques de pánico y me entraba una ansiedad tremenda que me daba por aventar todo lo que estuviera a mi alcance. Era un miedo tremendo. Pensé que me iba a morir, pero me sostenía mi madre.
Imploraba a Dios que me quitara ese dolor, que yo sin dolor me encargaría de curar mis ansiedades y mis nervios, pues no dormía ni de día ni de noche porque cada vez que cerraba mis ojos veía el cuerpo sin vida de este muchacho, incluso después de mucho tiempo podría descifrar los tatuajes que traía en el cuerpo. Le dije a mi Dios: “curame Señor o ya de plano llevame contigo, pero si todavía tengo algo que hacer en este mundo, por favor, iluminame para saber que quieres decirme, ¿qué hago?” . Después de casi 3 semanas se iluminó mi mente y me acordé de una prima lejana que tengo en Chihuahua, México, que es doctora. Le llamé y le platiqué todo lo que había pasado. Me recetó unas pastillas para dormir, unas para la ansiedad, unas para tranquilizar y unas inyecciones para los nervios. En lo que empezó a entrar el líquido, mi dolor desapareció.
A partir de ahí empecé a dormir, a comer y darle gracias a Dios porque me dio el alivio que tanto le pedí, pero sobre todo porque me dijo con eso que tengo que valorar la salud, la vida, a mi madre, al prójimo, etc. y sobretodo me hizo entender que sin El no somos nada, fue cuando yo le entregué mi vida que El me cambió.
KARLA
Orar sanación:instrucciones (7ma parte,última)
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Ppermanece firme en la oración aunque no veas frutos. Persevera y sigue orando.
Invita a la persona por la que oras a que comience a alabar a Dios por lo que está obrando en su vida lo vea o no.La alabanza es sumamente curativa, hace que la persona cuyo centro es la enfermedad, el dolor o la queja pase a poner como centro a Jesús, su amor y su poder.
Orar sanación:instrucciones (6ta parte)
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Si después de haber orado por alguien todavía sentimos dolor, podemos pedirle al Señor que sane este sentimiento. Te aconsejamos imaginar a la persona en la mente y verla como Dios la ve y decir “Te perdono y te amo porque Jesús te ama”. Podemos repetir esto cuantas veces sea necesario y despacio para permitir que el amor de Jesús se haga presente y llene a la persona. Se producirá un verdadero cambio en nuestros sentimientos y actitudes hacia la persona por quien estamos orando.
Orar sanación: instrucciones(5ta parte)
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La falta de perdón es una de las cosas que son un impedimento para la sanación. La persona que no ha perdonado, no se sanará pórque el poder sanador de Jesús no puede penetrar.
¿Cómo saber si he perdonado o no a alguien? Haz el siguiente test:ora por la persona que te hirió. Si lo puedes hacer sinceramente es que lo has perdonado. El perdón es decisión, no sentimiento. Es la decisión de perdonar la que te libera y te redime, y esto es todo lo que el Señor te pide.
También invita al enfermo a acercarse al Sacramento de la Reconciliación.
Al recibir este sacramento, muchos se curan porque las barreras caen y Dios entra y sana.
Orar sanación: instrucciones(4ta parte)
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A veces nos sentimos temerosos de orar sanación. Jesús nos pide que tengamos fe como un grano de mostaza: no es mucho.
Luego de predicar la Palabra (ver la 1ra parte), imagina a Jesús Resucitado, que está al lado del enfermo e invita a éste a que haga lo mismo. El Nuevo Testamento cita muchas veces la imposición de manos hecha por Jesús y por sus discípulos.(Mt. 19:13,Mt. 8:3,Mt. 8:15, Mc 5:23, Mc. 5:41-42, Lc. 13:12-13,Hechos 9:17).
Nosotros, somos discípulos de Jesús, y somos enviados por El para comunicar su amor a través de la imposición de manos en la búsqueda de la sanación. “Y estas señales acompañarán a los que crean: en mi nombre (…) impondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán” (Mc. 16:17).
Orar sanación: instrucciones(3ra parte)
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Ora por el enfermo tantas veces como te sea posible.
El enfermo, a veces, tiene barreras y cuanta más se ore por él, hay más posibilidades de que esas trabas se vayan aflojando y así Jesús con su amor puede tocarlo.
También es importante que estas oraciones tengan su espacio en tiempo. No deben ser hechas a las apuradas. Porque somos seres humanos y tenemos nuestro ritmo para disponernos y abrir el corazón en lo profundo a Dios.
Orar sanación: instrucciones (2da parte)
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El centro de nuestra vida espiritual es la Eucaristía. La misa es la oportunidad de acercarse al Señor si se está sufriendo y se busca la paz del Señor.
Asiste a la Misa e invita a los enfermos a participar de ella con la certeza de fe que Jesús los sanará.
Invita a que digan las oraciones con gran confianza en el poder y el amor de Dios, por ejemplo la que está antes de la comunión: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.
En la Misa, Jesús nos toca. Asiste a ella con la confianza de recibir la sanación.

