María es nuestra madre
Quiero dejar testimonio para todos los que - como yo - sólo recurren a Jesús y a su madre María en los momentos difíciles. En el año 1999 mi madre enfermó gravemente y comencé a rezar a Jesús Misericordioso.
Yo, la que iba poco a la Iglesia y rezaba aún menos, me había olvidado de las buenas enseñanzas cristianas que me habían inculcado en mi familia desde pequeña.
Pero aunque en un rincón muy pequeño de nuestro corazón guardemos a JESUS y a MARIA y sólo lo llamemos en los momentos difíciles, EL siempre nos responde.
Mi madre murió el día de la Ascensión y víspera del día de María Auxiliadora.
Cuando llamé a un sacerdote amigo de la familia me dijo “no sé si darte el pésame o el pláceme. Este ha sido un gran día para tu madre y seguramente ahora está con DIOS en el cielo.Es un regalo que EL hace a las almas buenas”.
Algunos meses más tarde, un libro me llamó la atención en una librería católica, sobre las apariciones de Medjugorje. Desde ese momento, he leído cuanto pude sobre ella, he regalado estos libros a mis amigas más queridas, todos los 25 leo sus mensajes y los transmito por Internet a todos mis amigos en la Fe.
También, por su intercesión, aprendí a rezar el Rosario, y es mi más
grande consuelo. Tengo un Rosario traído desde Medjugorje que me acompaña a todos lados y lo rezo en todas las ocasiones: las buenas y las otras.
Pido a veces por sanaciones de personas que ni siquiera conozco, pero como dice la Virgen, hay que rezar por aquellos que aún no conocen el amor de Dios.
Por último, quiero contarles que a 300 km. de donde vivo se encuentra el Santuario de la Virgen del Rosario de San Nicolás. Cada vez que tengo oportunidad de ir, la visito y traigo agua de su manantial, la cual reparto entre amigos con algún problema físico o enfermedad.
Personalmente, ya me he quemado tres veces mi mano izquierda, con
quemaduras muy profundas. La primera vez fui a la atención médica pero el dolor era insoportable y no pasaba. Tomé el recipiente con agua de la Virgen y rocié la mano con ella: el dolor me calmó de inmediato, no tuve secuelas, no me ampollé y mi piel está recuperada, sin marcas de ninguna clase. Es su amor bendito y nuestra Fe en ella la que nos ayuda. Las otras dos ocasiones en que sufrí quemaduras, mi remedio infalible fue su Agua Bendita.
Tuve otras oportunidades en que pedí su auxilio y me ayudó.
En su advocación como María del Rosario de San Nicolás, hasta logré
completar un trámite administrativo que me habían asegurado que no lo hiciera porque no tendría éxito.
¿Cómo hice..? Sólo llevé puesta en mi cuello una medalla de la Virgen y
ella me facilitó todos los trámites. En 40 minutos más o menos completé
una gestión por la cual a la gente del interior la rechazaban en Buenos
Aires.
Sólo soy una agradecida a DIOS por ser tan bueno conmigo. El día que perdí a mi madre en la tierra, EL me dio, en cambio, a la madre de nuestro JESUS para el resto de mi vida.
Amén.
Argentina
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