Dios libera de culpa e impotencia
Les quiero contar lo sucedido el día de mi cumpleaños número 30. Resulta que a eso de las 9:15 de la noche del 24 de agosto del 2002 un hombre cayó a la puerta de mi casa con síntomas de infarto.
Lo atendí personalmente, y le ayudé a recuperarse del primer síncope; posteriormente sobrevinieron otros 2, en los cuales intervino mi esposo y una vecina que es médico. Finalmente el hombre se fue vivo del lugar después de haber superado 3 paros cardio-respiratorios, en los cuales pude sentir su muerte y regreso a la vida.
Quizás esto podría parecer mera presunción de mi parte, pero la parte interesante viene porque hace 7 años mi padre murió de un infarto, y en ese momento no pude hacer nada por él, lo cual dejó en mi un sentimiento de impotencia que nadie ni nada me podía quitar. Mi padre quizás murió por no haber hecho nada por él, y me sentí tan culpable todo este tiempo, pero ese día, DIOS me dió la oportunidad de salvarle la vida a un hombre, desconocido por mí, por mi familia, pero que a partir de ese día vive en mi corazón, y fue la parte que necesitaba para sentir que por lo menos a alguien, le pude salvar la vida, a alguien pude ayudar.
Quizás él nunca sepa ni lo que realmente ocurrió, pero donde esté quiero que sepa que Dios, ese día, nos dió una nueva oportunidad de empezar a vivir a los dos. Para mí, Dios se volvió a hacer presente otra vez, para demostrarme que los castigos y trabas se los impone uno, no EL, y que siempre tenemos otra oportunidad en la vida para ser perdonados, no solo por EL, sino por nosotros mismos. Gracias Señor, por estar presente en cada momento de mi vida.
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