Testimonio: La enfermedad, la eutanasia y el sentido de la vida

Silvie Menard, francesa, casada con un italiano, oncóloga, consultora del Centro de Oncología experimental del Instituto Nacional de Tumores de Milán, Italia, y especializada en el estudio del cáncer y de los nuevos fármacos para combatirlo, había escrito el testamento biológico pero al descubrir que estaba enferma de cáncer cambió de opinión.
Durante años trabajando entre enfermos graves, hospitalizaciones y tumores, Menard había expresado una postura favorable al testamento biológico. Luego, un día descubrió que quien estaba enfermo no era un paciente suyo sino ella. La diagnosis fue inclemente: un tumor en la médula ósea.
Dijo la oncóloga:“Desde entonces, mi vida ha asumido un significado diverso. Desde que estoy enferma, tengo ganas de vivir cada instante de mi vida, justo porque me doy cuenta de que es única”.
Relató que al principio tenía dudas de si seguir un tratamiento o no, exactamente la duda que asalta a cada paciente. Sabía que era muy difícil curarse, pero “incurable es diverso de intratable” expresó.
La doctora se sometió a tratamientos muy tóxicos, que durante algún tiempo le empañaban también la mente. Sin embargo, comentó, “incluso haciendo el trasplante de corazón a un enfermo se corre el riesgo de matarlo”.
Respecto a las propuestas de eutanasia y de testamento biológico, Menard precisó que “muchos en Italia están a favor de la eutanasia para los otros y no piensan en el fin de la propia vida”.
“Yo os puedo decir que cuando uno está sano no sabe cómo reaccionará en caso de enfermedad, por esto el testamento biológico escrito por una persona sana no tiene sentido”.
Se manifestó “contraria a la eutanasia porque el derecho a la muerte en aquel caso corre el riesgo de convertirse en un deber”.

Las heridas del aborto y su curación

Victoria Thorn, fundadora del Proyecto Raquel, dijo que «la ruptura causada por el aborto impide a millones de personas entrar plenamente en su itinerario de fe, experimentar plenamente la vida divina en su interior. La herida del aborto es a la vez espiritual y humana y debe ser resuelta en ambos campos para ser curada». La mujer que ha tenido un aborto «cree que ha cometido el pecado imperdonable. Este es el núcleo de la herida espiritual. Es una madre que sabe que es responsable de la muerte de su hijo; un niño que ella nunca permitió nacer, ver y criar. Este es el núcleo de la herida humana».
La madre Mary Agnes Donovan, de las Hermanas de la Vida en Nueva York, dijo que «la dificultad en todo aborto consiste en que provoca una destrucción profunda e inevitable. Si la persona alguna vez tuvo una chispa de fe, o convicción religiosa, o educación moral, queda hundida por la culpabilidad -una culpabilidad que puede entrar muy dentro del inconsciente por las fuerzas que actúan-, y que es un cáncer en el alma.
Victoria Thorn ha dicho: “El pecado del aborto se ha extendido tanto, es tan abrumador hoy, que es un imperativo el que la Iglesia no sólo mantenga su postura profética de protección de las vidas humanas no nacidas, sino también que ayude a curar a los millones de personas que han quedado involucradas en el mal del aborto, voluntariamente u obligadas, conscientes o ignorantes de la realidad, extendiendo a ellos el perdón y la curación de Dios. Las mujeres que experimentan la curación a través de la misericordia y el amor de Dios no realizan más abortos. Los hombres que se recuperan del aborto trabajan con diligencia para acabar con los abortos así como las mujeres. En efecto estas personas se convierten en piedras angulares de la cultura de la vida».

Perseverar en la oración

A veces antes una enfermedad hemos rezado durante semanas, meses y quizá años. Pero nada.  A veces pensamos que Dios es insensible y duro de corazón.
Dios, escucha incluso cuando… parece que no escucha.

En él, la falta de escucha es ya una manera de atender. Retrasando su escucha, Dios hace que nuestro deseo crezca, que el objeto de nuestra oración se eleve; que de lo material pasemos a lo espiritual, de lo temporal a lo eterno, de lo pequeño a lo grande.
De este modo, puede darnos mucho más de lo que le habíamos pedido en un primer momento.
Con frecuencia, cuando nos ponemos en oración, nos parecemos a ese campesino del que ha recibido la noticia de que será recibido por el rey. Es la oportunidad de su vida: podrá presentarle su petición, pedirle lo que quiere, seguro de que le será concedido. Llega el día, y elhombre, emocionadísimo, llega ante el rey y, ¿qué le pide? ¡Un quintal de estiércol para sus campos! Era lo máximo en que había logrado pensar.

A veces nosotros nos comportamos con Dios de la misma manera. Lo que le pedimos comparado a lo que podríamos pedirle no es más que un quintal de estiércol, nimiedades que sirven de muy poco, es más, que a veces incluso pueden volverse contra nosotros.
El evangelio dice: “Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; tocad y se os abrirá”. Hagamos nosotros también lo mismo y también se nos dará, se nos abrirá y encontraremos.

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