Milagro por intercesión de Juan Pablo II

Marie-Simon-Pierre, religiosa de 46 años, aseguró que ha sido curada de Parkinson de manera inexplicable gracias a la intercesión de Juan Pablo II.
«Todo lo que puedo deciros es que yo estaba enferma y que ahora estoy curada. Ahora le corresponde a la Iglesia pronunciarse y reconocer si es un milagro», afirmó en la casa diocesana de la ciudad francesa de Aix-en-Provence.
Acompañada por el obispo de esa diócesis, monseñor Claude Feidt, sin esconder su emoción, reconoció que para ella no hay dudas: «He sido curada, es la obra de Dios por intercesión de Juan Pablo II».
«Es algo muy fuerte, difícil de explicar con palabras», aclaró la religiosa que pertenece a la congregación de las Hermanitas de las Maternidades Católicas.
Al recordar el efecto del Parkinson, la misma enfermedad que padeció Karol Wojtyla, recordó: «mi cuerpo ya no era el mismo y yo no era la misma».
«A partir del fallecimiento de Juan Pablo II, los síntomas de la enfermedad se acentuaron y agravaron», explicó, recordando dos meses durísimos, hasta el 2 de junio de 2005, cuando pidió dejar de trabajar en la Maternidad de la Estrella (Maternité de l’Etoile), en Puyricard cerca de Aix-en-Provence.
Su superiora le pidió que escribiera el nombre de Juan Pablo II, tarea casi imposible dado su estado. Tras escribir unos caracteres casi irreconocibles, se fue a su habitación a descansar.
«Y allí, cuando entré en mi habitación, tuve ganas de escribir, a pesar de que para mí era difícil. Tuve la impresión de escuchar una voz que me decía: “toma el bolígrafo y escribe”. Escribí un poco». Tras pocas palabras, se durmió para despertarse a las 4.30 de la mañana.
«Me levanté de un salto de mi cama, a pesar de que alzarme se había convertido en algo verdaderamente duro y pesado», siguió recordando.
«Me sentí totalmente transformada, ya no era la misma interiormente», afirmó este viernes. «Algo que me resulta difícil explicar con palabras». «Era demasiado fuerte, demasiado grande. Un misterio».
«Desde ese día he dejado de someterme a todo tratamiento». «Para mí es como un segundo nacimiento, tuve la impresión de redescubrir mi cuerpo, de redescubrir mis miembros», confía.
Aquel día, el 3 de junio de 2005, comenzó la jornada con una inolvidable Eucaristía de acción de gracias.
En estos momentos la religiosa desempeña sus servicios en una maternidad de París. «Trabajo como enfermera con mamás y bebés de la maternidad Saint-Félicité. Y cumplo con todas las exigencias».
Esta curación sin explicación científica será presentada por el postulador de la causa de beatificación, monseñor Slawomir Oder, que tiene lugar en la Congregación para las Causas de los Santos.

María es nuestra madre

Quiero dejar testimonio para todos los que – como yo – sólo recurren a Jesús y a su madre María en los momentos difíciles. En el año 1999 mi madre enfermó gravemente y comencé a rezar a Jesús Misericordioso.
Yo, la que iba poco a la Iglesia y rezaba aún menos, me había olvidado de las buenas enseñanzas cristianas que me habían inculcado en mi familia desde pequeña.

Pero aunque en un rincón muy pequeño de nuestro corazón guardemos a JESUS y a MARIA y sólo lo llamemos en los momentos difíciles, EL siempre nos responde.
Mi madre murió el día de la Ascensión y víspera del día de María Auxiliadora.
Cuando llamé a un sacerdote amigo de la familia me dijo “no sé si darte el pésame o el pláceme. Este ha sido un gran día para tu madre y seguramente ahora está con DIOS en el cielo.Es un regalo que EL hace a las almas buenas”.
Algunos meses más tarde, un libro me llamó la atención en una librería católica, sobre las apariciones de Medjugorje. Desde ese momento, he leído cuanto pude sobre ella, he regalado estos libros a mis amigas más queridas, todos los 25 leo sus mensajes y los transmito por Internet a todos mis amigos en la Fe.
También, por su intercesión, aprendí a rezar el Rosario, y es mi más
grande consuelo. Tengo un Rosario traído desde Medjugorje que me acompaña a todos lados y lo rezo en todas las ocasiones: las buenas y las otras.
Pido a veces por sanaciones de personas que ni siquiera conozco, pero como dice la Virgen, hay que rezar por aquellos que aún no conocen el amor de Dios.
Por último, quiero contarles que a 300 km. de donde vivo se encuentra el Santuario de la Virgen del Rosario de San Nicolás. Cada vez que tengo oportunidad de ir, la visito y traigo agua de su manantial, la cual reparto entre amigos con algún problema físico o enfermedad.
Personalmente, ya me he quemado tres veces mi mano izquierda, con
quemaduras muy profundas. La primera vez fui a la atención médica pero el dolor era insoportable y no pasaba. Tomé el recipiente con agua de la Virgen y rocié la mano con ella: el dolor me calmó de inmediato, no tuve secuelas, no me ampollé y mi piel está recuperada, sin marcas de ninguna clase. Es su amor bendito y nuestra Fe en ella la que nos ayuda. Las otras dos ocasiones en que sufrí quemaduras,  mi remedio infalible fue su Agua Bendita.
Tuve otras oportunidades en que pedí su auxilio y me ayudó.
En su advocación como María del Rosario de San Nicolás, hasta logré
completar un trámite administrativo
que me habían asegurado que no lo hiciera porque no tendría éxito.
¿Cómo hice..? Sólo llevé puesta en mi cuello una medalla de la Virgen y
ella me facilitó todos los trámites. En 40 minutos más o menos completé
una gestión por la cual a la gente del interior la rechazaban en Buenos
Aires.
Sólo soy una agradecida a DIOS por ser tan bueno conmigo. El día que perdí a mi madre en la tierra, EL me dio, en cambio, a la madre de nuestro JESUS para el resto de mi vida.
Amén.
Argentina

Curación por la Eucaristía

En San Luis, pueblo cercano a Mahón (España), vivía una viuda llamada Juana Cardona Vicent. Ella ejercía un apostolado entre la gente del pueblo. A los cincuenta y nueve años de edad, enfermó del estómago, y no podía más que alimentarse que con caldo de pescado. Veinte años después seguía con este sufrimiento, y estaba encorvada.
Ya en el año 1880, y la mujer yacía en cama sin poderse mover de ella. Se acercaba la festividad del Corpus Christi y pidió a los vecinos la bajaran a la puerta de la calle para cuando pasase la procesión con el Santísimo Sacramento. Al pasar el sacerdote Pedro Pons Bauzá, que llevaba la Custodia se la acercó para que adorara a Jesús en la Hostia.
El pueblo estaba compadecido de esta enferma cuando vio que en el momento en que Sagrada Forma va hacia la puerta de la casa donde yacía la enferma, ésta sanó en forma instantánea.
Vivió diez años más sin experimentar el más mínimo dolor. Murió en 1890, a los noventa de edad.

Son estériles y tuvieron hijos

Elisabetta y Roberto se casaron en el año 2000 y ambos querían que llegaran pronto los hijos. Pasó el tiempo y Elisabetta no podía concebir.Cada mes nos dábamos cuenta de que esta espera no llevaba a nada. Se planteaban muchas preguntas: ¿qué quería Dios de nosotros? .
Los médicos los examinaron y se dieron cuenta de que ambos eran estériles. Esta pareja comenzó así a buscar una solución para su problema: “Nos propusieron recurrir a la fecundación artificial pero esto iba en contra de nuestro pensamiento”.”No habría aceptado nunca el congelamiento de un embrión. Una criatura debe ser buscada por amor, no por egoísmo”.
Los esposos pensaron entonces en la opción de adoptar un hijo, aunque sabían que este proceso no sería fácil: “Tuvimos la primera cita con al psicóloga”.
Los esposos comenzaron a pedirle a Dios un milagro para que Elisabetta pudiera concebir, fueron a Mediugorie.
Los esposos conocieron a un grupo con las Hermanas Operarias de la Casa de Nazaret, la comunidad fundada por san Arcángelo. “Supimos que algunos niños nacieron por su intercesión, parejas y personas que físicamente no tenían grandes impedimentos pero que no lograban concebir”.Elisabetta dice que quedó impactada con la vida de este sacerdote: “Descubrí su figura, leí tres libros y me ha verdaderamente fascinado porque en su ser sacerdote, en su cotidianidad, era un santo. Me conmovió su normalidad. Me ha llenado de serenidad el conocerlo”.
Así fue como ambos comenzaron a dirigirse al santo para que por su intercesión se diera el milagro de tener hijos. En la primavera de 2004 los médicos les dieron el diagnóstico final: “ustedes no pueden tener hijos”. Elisabetta tenía las trompas obstruidas mientras que los espermatozoides de Roberto morían rápido y no alcanzaban a fecundar.
Meses después de haber conocido esta noticia, Elisabetta recibió el resultado positivo de su embarazo. Algo científicamente inexplicable: “Lloraba de la emoción como si fuera una regadera. Luego de esta alegría todo nuestro dolor ha sido olvidado”.
Primero nació María y luego Giovanni.

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