María nos lleva a su Hijo Jesús
Yo soy devota de María, en especial bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Medalla Milagrosa.
Fui educada en la religión católica pero no soy, ni de lejos, una persona de la que pueda decirse que es muy religiosa y mucho menos fanática.
Sin embargo, las veces que oraba yo no me atrevía a invocar a Jesús.Nunca me pregunté el porqué, ni siquiera era consciente de ello. Simplemente, prefería acudir a María.
Hace pocos meses ingresé a un grupo espiritual durante el cual se suele dedicar tres minutos a imaginar el rostro de Jesús.
Este pequeño ejercicio me resultó muy difícil y hasta enojoso para mí las primeras dos veces.
Sin embargo, la tercera vez logré concentrarme y, para mi sorpresa, en lugar de ese retrato “tan vendido” (un Jesús muy blanco, de ojos azules y con cabello rubio, largo y ondulado) apareció en mi mente un Jesús de piel bastante morena, ojos oscuros y cabello negro relativamente corto. Además no era sólo su rostro. Estaba de cuerpo entero y vestía una especie de “chilaba” color marrón. Yo sentí mucha aprehensión. Pero me atreví a mirarlo a los ojos porque, a pesar de mostrarse muy serio, estaba en una actitud de espera.
En ese momento ví que abría sus brazos como invitándome a un abrazo y ya no dudé más. Me le acerqué, nos abrazamos y sentí la más maravillosa sensación de felicidad, de comprensión y, sobre todo, de amor.
No sé porqué, pero de inmediato “supe” que era Jesús y que habían desaparecido todos los temores que me impedían comunicarme con Dios directamente.
En cuanto salimos de la reunión, le comenté lo anterior a la persona que me había invitado a ese grupo y le dije que pensaba seguir asistiendo por esos minutos de meditación exclusivamente.
A ella le llamó la atención porque me conoce muy bien y porque había visto que yo no era capaz ni de tener a la vista un crucifijo.Para mí una cruz sigue siendo el equivalente de una silla eléctrica, de una guillotina, de una inyección letal… En fin, de los distintos medios de ejecución de un reo que habrían podido corresponderle a Jesús si hubiera venido a la Tierra en épocas
posteriores. En tal caso, ¿llevaríamos una silla eléctrica colgada del cuello?
Por eso, a raíz del primer día en que ese ejercicio hizo consciente mi aprehensión hacia Jesús, yo reemplacé todos los crucifijos que había en casa por la réplica de un ícono bizantino y aún así lo puse detrás de una puerta donde casi no se veía.
Cabe acotar que la imagen que “apareció” en mi mente ese tercer día no se asemeja tampoco a la imagen de ese Jesús bizantino.
Ese mismo día por la noche, cuando cerré los ojos para intentar conciliar el sueño (padezco de insomnio crónico), lo primero que “vi” fue el rostro de Jesús, ese que nunca antes había visto ni imaginado.
Estaba re-creando la experiencia cuando, de un momento a otro y por unos pocos segundos, se “entrometió” mi Madre María, en la advocación de Ntra. Sra. de la Medalla Milagrosa.
Yo desvié mi atención hacia ella y vi en su rostro la expresión de una gran dulzura y como de “deber cumplido”.
También me llamó la atención el color de los rayos que me ofrecía en sus manos. No era el color del oro normal ni el que utilizan para las imágenes religiosas. Era un color de oro extraordinario; nunca antes ni después visto por mí.
Me quedé observando y pensando precisamente en lo raro de ese color dorado, cuando sus rayos se iluminaron de repente con una luz tan intensa y absolutamente blanca que resulta difícil describir. Duró solo un segundo e intenté retener su imagen pero mi Madre María desapareció. No he vuelto a “verla”.
Yo soy una persona muy racional y bastante escéptica en relación con este tipo de fenómenos.
No tengo explicaciones válidas: yo no estaba en ese estado de semivigilia en el que los sueños se confunden con la realidad; no padezco de ningún tipo de alucinaciones ni delirios místicos; ese día ni siquiera había pensado en María…
No puedo explicarlo. Solo sé que sucedió, que fue real y que María no sólo me reconcilió con Jesús sino que, además, vino a decírmelo.
Todavía sigo recurriendo a Ella en primera instancia pero ya no temo hablar con Él.
Emanuel es curado de derrame cerebral
En las vacaciones de Julio, a Emanuel, el novio de mi hija, le dio un derrame cerebral con 24 años de edad.
Esa tarde había ido a la iglesia por una celebración especial y cuando regresé a mi casa parecía no haber nadie. Llegué y me esperaba mi hijo menor (19 años) que me dió la triste noticia, sólo esperaba mi regreso.
Nos fuimos en la camioneta rápidamente al Hospital de la U.C., mi hijo me recomienda conducir con calma, que todo estará bien y que mientras me esperaba sólo en la casa había tomado la Biblia para leerla y la página abierta al azar decía que Emanuel significaba Dios con los hombres.
Los Médicos dieron un 5 de posibilidades de vida, y que de resultar cierto sería con secuelas neurológicas. Hicimos una cadena de Oración desde el Norte hasta el Sur de nuestro país, a través de familiares, grupos de oración, religiosas, parroquias, amistades, etc. Los médicos esperaban localizar el coágulo para provocar un ataque de trombosis controlado, pero esto nunca llegó a suceder porque a los doce días mi hija llama y me dice que a Emanuel lo dieron de alta y que no tiene nada.
Han pasado dos años y medio, gracias a Dios y a la Santísima Virgen él está sano, casado con mi hija y esperando su primer hijo. Soy una ferviente devota de la fuerza de la oración y especialmente del Santo Rosario. Doy gracias al cielo por la bendición de la fe que profeso.
Dios sanó de una pulmonía
Martha nos testimonia:
Yo vivo en Canadá, estoy casada con un canadiense y tengo una niña de seis años que se llama Marie Soleil.
En el mes de abril caí enferma con una pulmonía muy severa acompañada de una bacteria. Cuando entré al hospital, el doctor le dijo a mi esposo que tenía un 30 a 40 % de vivir.
Mi hermana menor tuvo que venir desde Costa Rica a ocuparse de mí y de mi hija.
Estuve al filo de la muerte, me dieron los Santos Oleos dos sacerdotes.
Mi madre y toda mi familia oraron por mí desde tan lejos, y el Señor Jesucristo y la Virgen María me salvaron de la muerte. El tiene un propósito para mí y yo, ahora, tengo otra perspectiva de la vida.
Estando en el hospital vi junto a mi cama un ángel.
Cuando se ora con confianza, amor y esperanza de recibir lo que se pide, se recibe. Dios nunca nos abandonará y siempre nos nos ayudará.
¿Quieres saber más sobre los ángeles?
Oración de sanación de la familia
¡Señor Jesús! Hoy venimos a Ti, en nombre de cada una de las personas de nuestra familia.
Tú, en tus designios de amor por cada uno de nosotros, nos has colocado en ella y nos has vinculado a cada una de las personas que la componen.
En primer lugar, te queremos dar gracias de todo corazón por cada uno de los miembros de mi familia, por todo el amor que he recibido tuyo a través de el/os y te queremos alabar y glorificar porque nos has colocado en ella.
A través de la familia y en la familia, tú nos has dado la vida y has querido para nosotros que formemos un núcleo de amor.
Hoy, Señor, queremos que Tú pases con tu sanación por cada uno de nosotros y realices tu obra de amor en cada uno de nosotros.
Y antes de nada, Señor, queremos pedirte perdón por todas las faltas de amor que hayamos tenido en casa, por todas nuestras indelicadezas, por todas nuestras faltas de comprensión, por no ser a veces cauces de tu amor para ellos.
En primer lugar, Jesús, te pedimos que entres en el corazón de cada uno y toques aquellas experiencias de nuestra vida que necesiten ser sanadas. Tú nos conoces mucho mejor que nosotros mismos; por lo tanto, llena con tu amor todos los rincones de nuestro corazón. Donde quiera que encuentres – el niño herido -, tócalo, consuélalo y pónlo en libertad.
Vuelve a recorrer nuestra vida, la vida de cada uno de nosotros, desde el principio, desde el mismo momento de nuestra concepción. Purifica las líneas hereditarias y líbranos de aquellas cosas que puedan haber ejercido una influencia negativa en aquel momento. Bendícenos mientras íbamos fomándonos en el vientre de nuestra madre y quita todas las trabas que puedan haber dificultado, durante los meses de gestación, nuestro desarrollo en plenitud.
Danos un profundo deseo de querer nacer y sana cualquier trauma tanto físico como emocional que pudiera habernos dañado durante nuestro nacimiento. ¡Gracias, Señor!, por estar ahí presente para recibimos a cada uno de nosotros en tus brazos en el momento mismo de nuestro nacimiento, para darnos la bienvenida a la tierra y asegurarnos que Tú nunca nos faltarías ni nos abandonarías.
Jesús, te pedimos que rodees nuestra infancia con tu luz y que toques aquellos recuerdos que nos impiden ser libres. Si lo que más necesitamos cada uno fue más cariño maternal, mándanos a tu Madre, la Virgen María, para que nos dé lo que nos falta. Pídele que nos abrace a cada uno, que nos arrulle a cada uno, que nos cuente cuentos y llene el vacío que necesita el calor y el consuelo que sólo una madre puede dar.
Quizá “el niño interior” siente la falta del amor del padre. Señor Jesús, déjanos gritar con libertad, con todo nuestro ser: “¡Abba!, ¡papá! ¡Papaito!. Si necesitábamos alguno de nosotros más cariño paternal y la seguridad de que nos deseaban, y nos amaban de verdad, te pedimos que nos levantes y nos hagas sentir la fuerza de tus brazos protectores. Renueva nuestra confianza y danos el valor que necesitamos para hacer frente a las adversidades de la vida, porque sabemos, Padre nuestro, que tu amor nos levantará y nos ayudará si tropezamos y caemos.
Recorre nuestra vida, Señor, y consuélanos cuando otros nos trataban mal. Sana las heridas de los encuentros que nos dejaron asustado, que nos hicieron entrar en nosotros mismos y levantar barreras de defensa ante la gente. Si alguno de nosotros se ha sentido solo, abandonado y rechazado por la humanidad, concédenos por medio de tu amor que lo sana todo, un nuevo sentido del valor de cada uno como persona.
¡Oh Jesús, nos presentamos en este día ante ti, toda la familia y te pedimos que sanes nuestras relaciones, que sean unas relaciones llenas de cariño, de comprensión y de ternura y que nuestra familia se parezca a la tuya.
Te pedimos, por intercesión de tu Madre, la Reina de la Paz, que nuestros hogares sean lugares de paz, de armonía y donde realmente experimentemos tu presencia. ¡Gracias, Señor!

