Dios contesta la oración

Quiero compartir con todos uds. un milagro, mi hijo más chico vive en Madrid. Nosotros en Argentina, yo enfermé de tristeza. Todos los días le decía: Dios mío me quiero morir, pero un día El me habló y me dijo si ves a tu hijo pronto ¿no diras más eso? Yo le contesté si, sólo quiero volver a ver luego sanaré, y Dios me lo concedió el día 18 de Enero de este año nuestro hijo Ariel, pisó suelo argentino para venir a visitar a su familia, ahora estoy sana y feliz. Mi hijo ya
regresó a España, si bien es cierto que fieron solo 18 días, pero los más hermosos, porque sé que mi hijo es feliz es España y supongo que si Dios lo envió a esa tierra es porque tendrá que cumplir el plan que Dios le tiene reservado en esta vida.

Luchar por el matrimonio por medio de la oración

Mi caso fue ya hace 9 años, mi esposo y yo teníamos problemas de matrimonio, él tenía una relación con una mujer fuera del hogar y teníamos dos pequeñas niñas una recién nacida y una de 2 años, razón por la cual no podía estar muy pendiente de salir con él, discutíamos mucho, fue cuando conocí la MISERICORDIA DE DIOS. Orar sin desánimo una y otra vez a LA MISERICORDIA DIVINA pidiéndole que todo fura como al principio con un amor bello y puro, una noche me quedé dormida viendo un comercial y soñé que estaba en mi sala vestida de blanco y que mi esposo se paraba a mi lado también vestido de blanco, pero lo más hermoso fue que llegaba JESUS y se paraba en medio de los dos, desperté muy emocionada, lo asombroso es que estaban pasando el mismo comercial como si el tiempo no pasara. Ese fue el final de toda mi dolorosa relación matrimonial, hoy tenemos 13 años de casados y él no me ha vuelto a engañar, somos muy felices y nos amamos como si el tiempo no pasara.

Emanuel es curado de derrame cerebral

En las vacaciones de Julio, a Emanuel, el novio de mi hija, le dio un derrame cerebral con 24 años de edad.
Esa tarde había ido a la iglesia por una celebración especial y cuando regresé a mi casa parecía no haber nadie. Llegué y me esperaba mi hijo menor (19 años) que me dió la triste noticia, sólo esperaba mi regreso.
Nos fuimos en la camioneta rápidamente al Hospital de la U.C., mi hijo me recomienda conducir con calma, que todo estará bien y que mientras me esperaba sólo en la casa había tomado la Biblia para leerla y la página abierta al azar decía que Emanuel significaba Dios con los hombres.
Los Médicos dieron un 5 de posibilidades de vida, y que de resultar cierto sería con secuelas neurológicas. Hicimos una cadena de Oración desde el Norte hasta el Sur de nuestro país, a través de familiares, grupos de oración, religiosas, parroquias, amistades, etc. Los médicos esperaban localizar el coágulo para provocar un ataque de trombosis controlado, pero esto nunca llegó a suceder porque a los doce días mi hija llama y me dice que a Emanuel lo dieron de alta y que no tiene nada.
Han pasado dos años y medio, gracias a Dios y a la Santísima Virgen él está sano, casado con mi hija y esperando su primer hijo. Soy una ferviente devota de la fuerza de la oración y especialmente del Santo Rosario. Doy gracias al cielo por la bendición de la fe que profeso.

La esclerosis múltiple y la oración

Les cuenta mi experiencia personal y que la fe mueve montañas y las plegarias de una madre llegan al cielo.
En el 97 dignosticaron a mi hija de 25 años EM (esclerosis múltiple). El empuje que estaba sufriendo en ese momento fue espantoso, tenía disminución de la visión en un 50 , problemas en el lado deerecho, se caía con mucha facilidad, zumbidos en los oídos y una falta de energía casi total. Los médicos me informaron de a poco por la desesperación que tenía.
Fue internada para administrarle Solumedrol. Los 5 días que estuvo internada estuve a su lado. En esos momentos le pedí a Dios, a la Virgencita de Lourdes y a todos los ángeles por mi hija, una chica espectacular que no podía verla en ese estado. Hoy ya han pasado 5 AÑOS de su primer y único empuje, si único. La recuperación demoró por lo menos 2 años y medio. Nuestra vida cambió y mucho, ella aprendió a que cuando algo no le gusta, con diplomacia debe decirlo y no guardarse cosas que la afectaban, aprendió a administrar sus energías.
Dios y la Virgen Santa me dan fuerzas en todo momento y los ángeles la cuidan cuando no estoy con ella.
A través de personas amigas y conocidas conseguí material en todo el mundo donde habla de la enfermedad, fotocopié y lo distribuí a todo quien lo necesitaba.
Los pacientes que le dignosticaron EM son extremadamentes sensibles, y quienes estamos a su lado los tenemos que ayudar para que se integren a este mundo tan competitivo y lleno de atropellos.
Todo lo que hice, lo que hago y haré es por la fuerza que Dios y la Virgen Santa y mis queridos ángeles me dan en forma permanente.
Mi hija hoy hace una vida normal . Los médicos la miran y no pueden creerlo.
Lali.

Curación de fiebre tifoidea

En el año 2000 nació mi hija Michelle en el Distrito federal. Nos fuimos a vivir a casa de mi suegra en Veracruz. El clima no le hacía bien a mi hija sin embargo mi esposo trabajaba ahí.
El sábado de Gloria mi hija se puso grave a causa del clima y del agua que consumíamos. Tenía temperatura y no se la podían quitar. Pasaron varias horas y seguía igual.
Para ir al médico eran dos horas de camino y como era día festivo no había transporte.
Cuando ya tenía convulsiones la encomendé a Dios y a san Pedro de Verona. Le pedí que la compusiera, que era un día de resurrección y que no se la podía llevar.

En tres horas más llegué al médico y le hicieron mil cosas a mi hija. Me dijo el doctor que era un milagro puesto que tenía fiebre tifoidea a causa del agua. Griselda.

Oración de sanación de la familia

¡Señor Jesús! Hoy venimos a Ti, en nombre de cada una de las personas de nuestra familia.
Tú, en tus designios de amor por cada uno de nosotros, nos has colocado en ella y nos has vinculado a cada una de las personas que la componen.
En primer lugar, te queremos dar gracias de todo corazón por cada uno de los miembros de mi familia, por todo el amor que he recibido tuyo a través de el/os y te queremos alabar y glorificar porque nos has colocado en ella.
A través de la familia y en la familia, tú nos has dado la vida y has querido para nosotros que formemos un núcleo de amor.

Hoy, Señor, queremos que Tú pases con tu sanación por cada uno de nosotros y realices tu obra de amor en cada uno de nosotros.
Y antes de nada, Señor, queremos pedirte perdón por todas las faltas de amor que hayamos tenido en casa, por todas nuestras indelicadezas, por todas nuestras faltas de comprensión, por no ser a veces cauces de tu amor para ellos.

En primer lugar, Jesús, te pedimos que entres en el corazón de cada uno y toques aquellas experiencias de nuestra vida que necesiten ser sanadas. Tú nos conoces mucho mejor que nosotros mismos; por lo tanto, llena con tu amor todos los rincones de nuestro corazón. Donde quiera que encuentres - el niño herido -, tócalo, consuélalo y pónlo en libertad.

Vuelve a recorrer nuestra vida, la vida de cada uno de nosotros, desde el principio, desde el mismo momento de nuestra concepción. Purifica las líneas hereditarias y líbranos de aquellas cosas que puedan haber ejercido una influencia negativa en aquel momento. Bendícenos mientras íbamos fomándonos en el vientre de nuestra madre y quita todas las trabas que puedan haber dificultado, durante los meses de gestación, nuestro desarrollo en plenitud.

Danos un profundo deseo de querer nacer y sana cualquier trauma tanto físico como emocional que pudiera habernos dañado durante nuestro nacimiento. ¡Gracias, Señor!, por estar ahí presente para recibimos a cada uno de nosotros en tus brazos en el momento mismo de nuestro nacimiento, para darnos la bienvenida a la tierra y asegurarnos que Tú nunca nos faltarías ni nos abandonarías.

Jesús, te pedimos que rodees nuestra infancia con tu luz y que toques aquellos recuerdos que nos impiden ser libres. Si lo que más necesitamos cada uno fue más cariño maternal, mándanos a tu Madre, la Virgen María, para que nos dé lo que nos falta. Pídele que nos abrace a cada uno, que nos arrulle a cada uno, que nos cuente cuentos y llene el vacío que necesita el calor y el consuelo que sólo una madre puede dar.

Quizá “el niño interior” siente la falta del amor del padre. Señor Jesús, déjanos gritar con libertad, con todo nuestro ser: “¡Abba!, ¡papá! ¡Papaito!. Si necesitábamos alguno de nosotros más cariño paternal y la seguridad de que nos deseaban, y nos amaban de verdad, te pedimos que nos levantes y nos hagas sentir la fuerza de tus brazos protectores. Renueva nuestra confianza y danos el valor que necesitamos para hacer frente a las adversidades de la vida, porque sabemos, Padre nuestro, que tu amor nos levantará y nos ayudará si tropezamos y caemos.

Recorre nuestra vida, Señor, y consuélanos cuando otros nos trataban mal. Sana las heridas de los encuentros que nos dejaron asustado, que nos hicieron entrar en nosotros mismos y levantar barreras de defensa ante la gente. Si alguno de nosotros se ha sentido solo, abandonado y rechazado por la humanidad, concédenos por medio de tu amor que lo sana todo, un nuevo sentido del valor de cada uno como persona.

¡Oh Jesús, nos presentamos en este día ante ti, toda la familia y te pedimos que sanes nuestras relaciones, que sean unas relaciones llenas de cariño, de comprensión y de ternura y que nuestra familia se parezca a la tuya.
Te pedimos, por intercesión de tu Madre, la Reina de la Paz, que nuestros hogares sean lugares de paz, de armonía y donde realmente experimentemos tu presencia. ¡Gracias, Señor!

Oración para pedir curación

Dios de toda misericordia:
Gracias, porque en tu cuerpo, mi Jesús, Tú llevaste todas nuestras enfermedades y por tu llaga fuimos nosotros curados.
Ayúdanos a siempre creer que tu Palabra es la verdad y de esa manera batallar contra toda dolencia, todo síntoma, toda enfermedad que intente minar la salud de nuestros cuerpos.
Enséñanos a confesar la Palabra de tu poder, que es la espada del Espíritu, para combatir lo que se nos diga, lo que veamos o lo que sintamos.
Enséñanos y ayúdanos a resistir toda incredulidad para recibir por fe la sanidad que ya Tú nos diste hace más de 2000 años en la cruz del calvario.
Queremos siempre vivir por fe y no por vista. Aumenta nuestra fe para creer que Tú eres el Dios Todopoderoso y que para Tí nada es imposible; que es tu perfecta voluntad sanar toda enfermedad del alma, cuerpo y mente; llámese como se llame.
Fortalécenos en la debilidad y ayúdanos a pelear la buena batalla de la fe. Queremos creer y confesar, no las circunstancias sino tu Palabra, que es la verdad. En el nombre de Jesús, amén.

Dios me sanó

Me llamo Consuelo, y deseo compartirles uno de los muchos milagros que he recibido de nuestro Señor Jesús y de la Santísima Virgen MARIA ROSA MISTICA.
Hace 2 años, me realizaron una mamografia de control y en el reporte se sugería una biopsia por haber una densidad en la mama derecha: Fui a a consultar a otros médicos, me tomaron nuevamente otras mamografias y la densidad persistía.
Me prendí en oración a MARIA ROSA MISTICA Y LA SANGRE DE CRISTO. Oré mucho.
Luego el médico indicó esperar un año para realizar una mamografia de control para ver si había cambio. No hubo cambio. Luego dijo esperar seis meses y tampoco hubo cambio, luego esperar un año más para otro control y cuando faltaban unos días para el examen, yo le pedí de corazón a DIOS, que el médico dijera que estaba normal mi mamografia.
Fui nuevamente a mi control y para mi sorpresa el médico dijo exactamente que ha desaparecido completamente la densidad. Está normal.Lo que me causó una gran emoción y mis lágrimas asomaron a mis ojos, estoy segura que es un milagro palpable de la presencia de DIOS y su MADRE SANTISIMA, en nuestras vidas, y de como DIOS escucha nuestras súplicas.

María nos lleva a su Hijo Jesús

Yo soy devota de María, en especial bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Medalla Milagrosa.
Fui educada en la religión católica pero no soy, ni de lejos, una persona de la que pueda decirse que es muy religiosa y mucho menos fanática.
Sin embargo, las veces que oraba yo no me atrevía a invocar a Jesús.Nunca me pregunté el porqué, ni siquiera era consciente de ello. Simplemente, prefería acudir a María.
Hace pocos meses ingresé a un grupo espiritual durante el cual se suele dedicar tres minutos a imaginar el rostro de Jesús.
Este pequeño ejercicio me resultó muy difícil y hasta enojoso para mí las primeras dos veces.
Sin embargo, la tercera vez logré concentrarme y, para mi sorpresa, en lugar de ese retrato “tan vendido” (un Jesús muy blanco, de ojos azules y con cabello rubio, largo y ondulado) apareció en mi mente un Jesús de piel bastante morena, ojos oscuros y cabello negro relativamente corto. Además no era sólo su rostro. Estaba de cuerpo entero y vestía una especie de “chilaba” color marrón. Yo sentí mucha aprehensión. Pero me atreví a mirarlo a los ojos porque, a pesar de mostrarse muy serio, estaba en una actitud de espera.
En ese momento ví que abría sus brazos como invitándome a un abrazo y ya no dudé más. Me le acerqué, nos abrazamos y sentí la más maravillosa sensación de felicidad, de comprensión y, sobre todo, de amor.
No sé porqué, pero de inmediato “supe” que era Jesús y que habían desaparecido todos los temores que me impedían comunicarme con Dios directamente.
En cuanto salimos de la reunión, le comenté lo anterior a la persona que me había invitado a ese grupo y le dije que pensaba seguir asistiendo por esos minutos de meditación exclusivamente.
A ella le llamó la atención porque me conoce muy bien y porque había visto que yo no era capaz ni de tener a la vista un crucifijo.Para mí una cruz sigue siendo el equivalente de una silla eléctrica, de una guillotina, de una inyección letal… En fin, de los distintos medios de ejecución de un reo que habrían podido corresponderle a Jesús si hubiera venido a la Tierra en épocas
posteriores. En tal caso, ¿llevaríamos una silla eléctrica colgada del cuello?
Por eso, a raíz del primer día en que ese ejercicio hizo consciente mi aprehensión hacia Jesús, yo reemplacé todos los crucifijos que había en casa por la réplica de un ícono bizantino y aún así lo puse detrás de una puerta donde casi no se veía.
Cabe acotar que la imagen que “apareció” en mi mente ese tercer día no se asemeja tampoco a la imagen de ese Jesús bizantino.
Ese mismo día por la noche, cuando cerré los ojos para intentar conciliar el sueño (padezco de insomnio crónico), lo primero que “vi” fue el rostro de Jesús, ese que nunca antes había visto ni imaginado.
Estaba re-creando la experiencia cuando, de un momento a otro y por unos pocos segundos, se “entrometió” mi Madre María, en la advocación de Ntra. Sra. de la Medalla Milagrosa.
Yo desvié mi atención hacia ella y vi en su rostro la expresión de una gran dulzura y como de “deber cumplido”.
También me llamó la atención el color de los rayos que me ofrecía en sus manos. No era el color del oro normal ni el que utilizan para las imágenes religiosas. Era un color de oro extraordinario; nunca antes ni después visto por mí.
Me quedé observando y pensando precisamente en lo raro de ese color dorado, cuando sus rayos se iluminaron de repente con una luz tan intensa y absolutamente blanca que resulta difícil describir. Duró solo un segundo e intenté retener su imagen pero mi Madre María desapareció. No he vuelto a “verla”.
Yo soy una persona muy racional y bastante escéptica en relación con este tipo de fenómenos.
No tengo explicaciones válidas: yo no estaba en ese estado de semivigilia en el que los sueños se confunden con la realidad; no padezco de ningún tipo de alucinaciones ni delirios místicos; ese día ni siquiera había pensado en María…
No puedo explicarlo. Solo sé que sucedió, que fue real y que María no sólo me reconcilió con Jesús sino que, además, vino a decírmelo.
Todavía sigo recurriendo a Ella en primera instancia pero ya no temo hablar con Él.

Dios sanó de una pulmonía

Martha nos testimonia:
Yo vivo en Canadá, estoy casada con un canadiense y tengo una niña de seis años que se llama Marie Soleil.
En el mes de abril caí enferma con una pulmonía muy severa acompañada de una bacteria. Cuando entré al hospital, el doctor le dijo a mi esposo que tenía un 30 a 40 % de vivir.
Mi hermana menor tuvo que venir desde Costa Rica a ocuparse de mí y de mi hija.
Estuve al filo de la muerte, me dieron los Santos Oleos dos sacerdotes.
Mi madre y toda mi familia oraron por mí desde tan lejos, y el Señor Jesucristo y la Virgen María me salvaron de la muerte. El tiene un propósito para mí y yo, ahora, tengo otra perspectiva de la vida.
Estando en el hospital vi junto a mi cama un ángel.
Cuando se ora con confianza, amor y esperanza de recibir lo que se pide, se recibe. Dios nunca nos abandonará y siempre nos nos ayudará.

 

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