Curación de un niño

Hace 8 años, mi sobrinito de un año de edad, sufrió una enfermedad que lo hizo hospitalizar. En el hospital fue descuidado y le dio infecciones. Su estado de salud empeoró hasta el punto que los médicos los deshauciaron. No podían hacer nada para salvarlo ya que la droga que le daban no le surtía efectos positivos, por el contrario le produjo una irritación de tal forma que la espalda se le peló completamente.
Además que permanecía todo el tiempo acostado…me daba mucha tristeza verlo: sus ojos hundidos, su mirada sin vida, completamente flaco( las costillas se le contaban a simple vista), la piel le forraba apenas los huesos, lo énico que le sobresalía era el cráneo. Estaba conectado con tubos y mangueras, no comía, sólo le aplicaban suero… en fin, verlo daba tristeza y dolor y ver a mi hermana como sufría por su bebé.
Entonces recordé un librito que un amigo me había regalado sobre la novena al Divino Niño. La empecé a hacer con mucha devoción.
Mi hermana le ofreció un rosario de por vida todos los domingos a la Virgen.
Mi sobrino salió sano y salvo del hospital.

El poder de Dios obrando

Dios escucha y obra. Soy testigo de esto. Soy testigo de tantas oraciones hechas en mi comunidad y he visto los frutos de ella.

He visto sanaciones, físicas e interiores, restauraciones matrimoniales, trabajos logrados, viviendas construidas, conversiones concretadas… mujeres y hombres que no podían conseguir una pareja para formar una familia  ya ahora con hijos.Bendito sea Dios.

He visto puertas abrise, cadenas caer, corazones encenderse, jóvenes abrirse a la vocación sacerdotal o religiosa, muchas personas abiertas a misionar. Bendito sea Dios.

He visto comunidades reconstituirse y reinicar el camino, adulterios que se deshacían, proyectos que se concretaban, dificultades que de la noche a la mañana dejaban de existir. Bendito sea Dios.

He visto nacer hijos de cuerpos que se decían estériles, he visto vicios que se abandonaban. Bendito sea Dios.

Tal vez, lo que aún no ví es porque aún no me animé a pedirlo. Bendito sea Dios que nos ama tanto, tanto… que nos cuida tanto, tanto.

Oración pidiendo sanación física

(Te aconsejamos disponerte para esta oración eligiendo un lugar adecuado y trata de imaginarte a Jesús Resucitado, Vivo, frente a ti, que te escucha con amor. Repite las frases diciendo su contenido. Si sientes de repetir alguna hazlo.)
Señor Jesús, creo que estás vivo y resucitado. Creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar y en cada uno de los que en Ti creemos.
Te alabo y te adoro. Te doy gracias, Señor, por venir hasta mí, como pan vivo bajado del cielo.
Tú eres la plenitud de la vida. Tú eres la Resurrección y la Vida.
Tú eres, Señor, la salud de los enfermos.
Hoy quiero presentarte todas mis enfermedades porque Tú eres el mismo ayer,hoy y siempre y Tú mismo me alcanzas hasta donde estoy.
Tú eres el eterno presente y Tú me conoces…
Ahora, Señor,te pido que tengas compasión de mí.
Visítame a través de tu Evangelio para que todos reconozcan que Tú estás vivo en tu Iglesia hoy; y que se renueve mi fe y mi confianza en Ti.
Te lo suplico, Jesús.
Ten compasión de mis sufrimientos físicos, de mis heridas emocionales y de cualquier enfermedad de mi alma.
Ten compasión de mí, Señor. Bendíceme y haz que vuelva a encontrar la salud.
Que mi fe crezca y me abra a las maravillas de tu amor, para que también sea testigo de tu poder y de tu compasión.
Te lo pido, Jesús, por el poder de tus santas llagas, por tu santa Cruz y tu preciosa Sangre.
Sáname, Señor. Sana mi cuerpo, sana mi corazón, sana mi alma.
Dame Vida y Vida en abundancia.
Te lo pido por intercesión de María Santísima, tu madre, la Virgen de los Dolores, la que estaba presente, de pie, cerca de la cruz.
La que fue la primera en contemplar tus santas llagas y que nos diste por Madre.
Tú nos has revelado que ya has tomado sobre Ti, todas nuestras dolencias y por tus santas llagas hemos sido curados.
Hoy, Señor, te presento en fe todas mis enfermedades y te pido que me sanes completamente.
Te pido por la gloria del Padre del cielo, que también sanes a los enfermos de mi familia y a mis amigos.
Haz que crezcan en la fe, en la esperanza, y que reciban la salud para gloria de tu Nombre.
Para que tu Reino siga extendiéndose más y más en los corazones, a través de los signos y prodigios de tu amor.
Todo esto te lo pido, Jesús, porque tú eres Jesús.
Tú eres el buen Pastor y todos somos ovejas de tu rebaño.
Estoy tan seguro de tu amor que aún antes de conocer el resultado de mi oración, en fe, te digo: Gracias Jesús, por lo que Tú vas a hacer en mí y en cada uno de ellos.
Gracias por las enfermedades que Tú estás sanando ahora, gracias por los que Tú estás visitando con Tu misericordia.

Curación por intercesión del beato Fray Galvão

Sandra Grossi de Almeida, licenciada en Química, de 37 años, residente en Brasilia, dio a luz a su hijo Enzo, en 1999, ante la sorpresa de médicos y científicos.  Su caso fue reconocido como «científicamente inexplicable en su conjunto, según los actuales conocimientos científicos» por el equipo de expertos médicos, el 18 de enero de 2006, en el proceso de canonización de Fray Antonio de Santa Ana, sacerdote brasileño de la Orden de los Frailes Menores Alcantarinos, que vivió entre 1739 y 1822.
Sandra había sufrido tres abortos naturales a causa de un problema congénito, conocido como «útero bicorde», un cartílago que se forma en medio del útero, separándolo en dos partes, lo que imposibilita el crecimiento del feto por falta de espacio.Los tres embarazos de Sandra -en uno de los casos fueron mellizos- llegaron sólo hasta el cuarto mes y acabaron de forma natural entre hemorragias y fuertes dolores. Sandra decidió adoptar a Isabela, que hoy tiene 12 años. Cuando quedó embarazada por cuarta vez, era consciente de las dificultades, pero quería llevar el embarazo adelante, aún frente a las palabras de la ginecóloga que la previno de la gran posibilidad de perder a otro niño.
Una amiga de la familia, le ofreció las «píldoras de Fray Galvão» (unas oraciones para pedir la intercesión de este beato brasileño).

Sandra comenzó a rezar las oraciones. En la primera noche de la primera novena a Fray Galvão, la hemorragia paró y los dolores cesaron. Sandra reconoció a este hecho : «Fue una señal de la intercesión de Fray Galvao por mí». En el cuarto mes de gestación la sometieron a una cirugía para cerrar el cuello del útero. Sandra siguió encomendándose a Dios por intercesión de Fray Galvao. En el quinto mes de gestación se dio un riesgo de aborto a causa del tamaño del bebé. Después de pasar por esa fase crítica, consiguió llegar a la 32ª semana de gestación, algo inimaginable para su caso. «Para los médicos parecía imposible pero no para Dios», reconoce Sandra. También parecía inimaginable la conservación del útero tras el parto, ya que el cartílago imposibilitaría la expulsión de la placenta y la única salida sería una histerectomía (extracción total del útero). El parto fue por cesárea. Enzo padeció al nacer un problema pulmonar grave, una de las principales causas de muerte entre los prematuros. Su madre volvió a encomendarse al futuro santo. Al pequeño le quitaron los tubos al día siguiente, algo que en casos similares sucede sólo después de varias semanas. Hoy Enzo es un niño sano.

Sanación de cáncer de una niña

En Camagüey (Cuba) Danielita, que tiene hoy doce años, fue sanada de un cáncer invasivo e irreversible a la edad de tres años, con la intercesión de Olallo Valdés (religioso hospitalario).
Se le  preguntó a la niña si recordaba de su enfermedad. Ella respondió:-Yo recuerdo que me pinchaban mucho en las venas. Mi mamá me contó que estuve muy enferma debido a un cáncer masivo de abdomen y que los médicos decían que no sobreviviría.
Ante la pregunta si cree que el hermano Olallo Valdés tiene alguna relación con tu sanación, Daniela expresa:
-Mamá me cuenta que cuando enfermé todos en casa, vecinos y amigos rezaban su oración pidiendo que intercediera ante Jesucristo para que yo no muriera.
La niña afirma que su curación se la atribuye a Jesucristo por la intercesión de uno de sus siervos, el Padre Olallo.

Orar sanación: instrucciones(5ta parte)

La falta de perdón es una de las cosas que son un impedimento para la sanación. La persona que no ha perdonado, no se sanará pórque el poder sanador de Jesús no puede penetrar.
¿Cómo saber si he perdonado o no a alguien? Haz el siguiente test:ora por la persona que te hirió. Si lo puedes hacer sinceramente es que lo has perdonado. El perdón es decisión, no sentimiento. Es la decisión de perdonar la que te libera y te redime, y esto es todo lo que el Señor te pide.
También invita al enfermo a acercarse al Sacramento de la Reconciliación.
Al recibir este sacramento, muchos se curan porque las barreras caen y Dios entra y sana.

Pidiendo trabajo a la Virgen María

En el mes de abril del año pasado concurrí al Santuario de la Virgen del Rosario solicitando salud y trabajo para mi familia. Tengo un hijo de 19 años que terminaba la escuela secundaria con un panorama laboral más que sombrío. El 17 de Octubre y con el objeto de continuar sus estudios universitarios, se presenta en una Empresa a los fines de hacer prácticas laborales no rentadas y cerciorarse que verdaderamente esa es su vocación.
A los 3 días de haber ingresado lo envían a hacer un curso que paga la Empresa.
A fines de Noviembre cuando termina el colegio secundario le preguntan si tiene interés en continuar trabajando, que se encuentran sumamente conformes con su desempeño y que
tiene el perfil que necesita la Compañia, así continúa hasta el 30 de marzo del presente año en donde le proponen efectivizarlo con muy buen sueldo.

La obesidad es socialmente contagiosa

Una nota de Inforba da mucho que pensar: El estudio fue realizado por expertos de las universidades de Harvard y California, en los Estados Unidos, y concluyó que la obesidad es un fenómeno “socialmente contagioso”, es decir que si un amigo o familiar engorda, es muy probable que uno suba también de peso.

Según publicó el sitio La Gaceta, la investigación se basó en el seguimiento de 12.067 personas, y de otras 38.611 vinculadas a éstas, durante 32 años (entre 1971 y 2003).

Los resultados arrojaron que los amigos en primer lugar y los hermanos del mismo sexo en segundo tienen una mayor influencia en la ganancia de peso que el cónyuge o los vecinos.

Los investigadores explicaron que las personas que pasan más tiempo juntas tienden a tener hábitos alimentarios y de ejercicio físico similares. Además, la imagen habitual de un allegado obeso modifica la percepción de los analizados de lo que realmente es tener un peso saludable.

Josefina Corzo, jefa de la División Nutrición del Sistema Provincial de Salud (Siprosa) de la provincia de Tucumán, opinó que si bien es cierto que hay aspectos sociales que inciden en la conducta, “no son los únicos factores intervinientes”. Recordó que también influyen en la obesidad rasgos biológicos y genéticos.

La difusión de los resultados de este estudio generó polémica a nivel internacional, sobre todo entre las personas que sufren de obesidad, que los consideraron poco serios, infames y discriminatorios.

“Estas reacciones se justifican porque creemos que las conclusiones fueron planteadas de forma incorrecta ya que la obesidad -en sí misma- no es contagiosa, aunque sí la adquisición de hábitos que favorecen el sobrepeso y la obesidad; por eso hablamos de ‘obesidad socialmente contagiosa”, opinó Rubén Salcedo, director médico del Sanatorio Diquecito, de Córdoba.

María nos lleva a su Hijo Jesús

Yo soy devota de María, en especial bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Medalla Milagrosa.
Fui educada en la religión católica pero no soy, ni de lejos, una persona de la que pueda decirse que es muy religiosa y mucho menos fanática.
Sin embargo, las veces que oraba yo no me atrevía a invocar a Jesús.Nunca me pregunté el porqué, ni siquiera era consciente de ello. Simplemente, prefería acudir a María.
Hace pocos meses ingresé a un grupo espiritual durante el cual se suele dedicar tres minutos a imaginar el rostro de Jesús.
Este pequeño ejercicio me resultó muy difícil y hasta enojoso para mí las primeras dos veces.
Sin embargo, la tercera vez logré concentrarme y, para mi sorpresa, en lugar de ese retrato “tan vendido” (un Jesús muy blanco, de ojos azules y con cabello rubio, largo y ondulado) apareció en mi mente un Jesús de piel bastante morena, ojos oscuros y cabello negro relativamente corto. Además no era sólo su rostro. Estaba de cuerpo entero y vestía una especie de “chilaba” color marrón. Yo sentí mucha aprehensión. Pero me atreví a mirarlo a los ojos porque, a pesar de mostrarse muy serio, estaba en una actitud de espera.
En ese momento ví que abría sus brazos como invitándome a un abrazo y ya no dudé más. Me le acerqué, nos abrazamos y sentí la más maravillosa sensación de felicidad, de comprensión y, sobre todo, de amor.
No sé porqué, pero de inmediato “supe” que era Jesús y que habían desaparecido todos los temores que me impedían comunicarme con Dios directamente.
En cuanto salimos de la reunión, le comenté lo anterior a la persona que me había invitado a ese grupo y le dije que pensaba seguir asistiendo por esos minutos de meditación exclusivamente.
A ella le llamó la atención porque me conoce muy bien y porque había visto que yo no era capaz ni de tener a la vista un crucifijo.Para mí una cruz sigue siendo el equivalente de una silla eléctrica, de una guillotina, de una inyección letal… En fin, de los distintos medios de ejecución de un reo que habrían podido corresponderle a Jesús si hubiera venido a la Tierra en épocas
posteriores. En tal caso, ¿llevaríamos una silla eléctrica colgada del cuello?
Por eso, a raíz del primer día en que ese ejercicio hizo consciente mi aprehensión hacia Jesús, yo reemplacé todos los crucifijos que había en casa por la réplica de un ícono bizantino y aún así lo puse detrás de una puerta donde casi no se veía.
Cabe acotar que la imagen que “apareció” en mi mente ese tercer día no se asemeja tampoco a la imagen de ese Jesús bizantino.
Ese mismo día por la noche, cuando cerré los ojos para intentar conciliar el sueño (padezco de insomnio crónico), lo primero que “vi” fue el rostro de Jesús, ese que nunca antes había visto ni imaginado.
Estaba re-creando la experiencia cuando, de un momento a otro y por unos pocos segundos, se “entrometió” mi Madre María, en la advocación de Ntra. Sra. de la Medalla Milagrosa.
Yo desvié mi atención hacia ella y vi en su rostro la expresión de una gran dulzura y como de “deber cumplido”.
También me llamó la atención el color de los rayos que me ofrecía en sus manos. No era el color del oro normal ni el que utilizan para las imágenes religiosas. Era un color de oro extraordinario; nunca antes ni después visto por mí.
Me quedé observando y pensando precisamente en lo raro de ese color dorado, cuando sus rayos se iluminaron de repente con una luz tan intensa y absolutamente blanca que resulta difícil describir. Duró solo un segundo e intenté retener su imagen pero mi Madre María desapareció. No he vuelto a “verla”.
Yo soy una persona muy racional y bastante escéptica en relación con este tipo de fenómenos.
No tengo explicaciones válidas: yo no estaba en ese estado de semivigilia en el que los sueños se confunden con la realidad; no padezco de ningún tipo de alucinaciones ni delirios místicos; ese día ni siquiera había pensado en María…
No puedo explicarlo. Solo sé que sucedió, que fue real y que María no sólo me reconcilió con Jesús sino que, además, vino a decírmelo.
Todavía sigo recurriendo a Ella en primera instancia pero ya no temo hablar con Él.

Orar sanación: instrucciones(3ra parte)

Ora por el enfermo tantas veces como te sea posible.
El enfermo, a veces, tiene barreras y cuanta más se ore por él, hay más posibilidades de que esas trabas se vayan aflojando y así Jesús con su amor puede tocarlo.
También es importante que estas oraciones tengan su espacio en tiempo. No deben ser hechas a las apuradas. Porque somos seres humanos y tenemos nuestro ritmo para disponernos y abrir el corazón en lo profundo a Dios.

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