Navidad…¿es Navidad?
Todos los años, la celebración de la Navidad suele cuestionarnos seriamente en medio de la rutina, de las angustias y preocupaciones de nuestro vivir.
Deseamos profundamente que la Navidad sea lo que realmente es y no lo que a veces se transforma: en una fiesta llena de paganismo o de “dulzuras”.
Recordamos otras navidades y aparece en nuestra memoria: arbolitos, pesebres, regalos, saludos, tarjetas, velas, villancicos, misa, luces.
Pero ¿Qué es la Navidad?
Para muchos la Navidad es adornos con cintas rojas y hojas de láudano, regalos de Papa Noel.
El consumismo, el despilfarro, el materialismo nos cierran a “ver” a Jesús.
Para otros muchos la Navidad es comer y beber más de la cuenta.
Los excesos, el desinterés por los que sufren, no son “el estilo” para ver nacer a Jesús.
Para otros Navidad es vender o comprar más que en otras épocas del año. Es uno de los mejores negocios del año.
Si se conforman con eso no verán nacer a Jesús.
Para captar la Navidad se la debe mirar desde la fe.
La Navidad es la festividad del nacimiento de Jesús, el Salvador, ya que hace 2000 años sucedió lo que nadie podía pensar ni imaginar: “Dios vino al mundo” y se quedó a vivir entre nosotros.
El Omnipotente, el Todo apareció en una apariencia de Niño que nace de una adolescente en una gruta.
Jesús, que es el Dueño y Señor del mundo, vino como un frágil niño. El que habitaba más allá de las estrellas vino a vivir a esta humilde tierra.
Jesús es el centro de la Navidad. Queremos que por encima de toda otra exteriorización de cantos, arreglos, fiesta se lo vea a El, se lo contemple a El.
Navidad grita a los hombres el Amor que Dios nos tiene.
Navidad muestra que Dios nos ha hecho el más magnífico regalo: Su Hijo.
Navidad muestra que lo invisible se hizo visible, que la Luz brilla en medio de las tinieblas.
Imitemos a los ángeles que anunciaron el nacimiento a los pastores, no dejando de anunciar a todos ( familia, vecinos, amigos, compañeros) que Jesús ha nacido.
Imitemos a los pastores que corrieron a adorarlo, haciendo oraciones de alabanza y adoración a nuestro Señor.
Imitemos a María que dio a luz a Jesús, dando a luz a Cristo en nuestro corazón, en nuestra sociedad.
Imitemos a los reyes de países lejanos que se movilizaron hacia este Niño, yendo hacia todo aquel que nos necesita: cercanos o lejanos, conocidos o desconocidos, pobres o alienados por el dinero, enfermos, abandonados, marginados,… Llevémosle a Cristo, que es la salvación.
Dios cura en Lourdes
En junio de 2004, participé con los enfermos en la peregrinación organizada por mi diócesisa Lourdes; usaba una silla de ruedas para todos mis desplazamientos fuera de casa. Era mi sexta peregrinación.
Se me hizo patente un pasaje evangélico, el de la curación de la mujer hemorroísa, en el evangelio de Marcos, tenía algo que entender por mí misma.¿Por qué esta mujer que sólo toca el borde del manto de Jesús fue curada mientras que no llegaba nada a las personas que rodeaban a Jesús y le apretujaban por todas partes? Releí varias veces el texto y por fin comprendí la fe de esta mujer, su deseo de acabar con la enfermedad, con el sufrimiento físico y moral, con la exclusión… Su fe en Jesús, su confianza sin límites, le dieron la audacia de vencer las dificultades, de aproximarse a Jesús, de tocar su manto, es decir de pedirle a través de este gesto que la sanara.
Me di cuenta de que regresaba a Lourdes y que nunca había pedido para mí misma. Cada vez, había rezado por los demás y pedido fuerza espiritual, pero nunca había rezado para pedir mi curación física. Entonces le dije a María: “Ves que vuelvo de Lourdes y nunca te he pedido mi curación. Ahora estoy preparada, pide a tu Hijo que me cure, si es su voluntad”.
No pasó nada especial: Simplemente me levanté, empecé mi jornada, trabajé, caminé, me moví…, sin parar en todo el día. No tenía fatiga, ni dolor, había recuperado todas mis fuerzas. Guardé mi silla de ruedas y no he tenido nunca necesidad de volver usarla. Todo pasó sin ruido, pero en mí produjo una alegría y un gran cambio.
Cuando Dios cura a una persona, no cura sólo su cuerpo enfermo sino su ser, físico, espiritual, que sufría también los efectos destructivos de la enfermedad. La curación devuelve la salud, pero también la paz interior, una vida social normal, una vida relacional equilibrada… y abre a una dimensión espiritual nueva.
Dios es todopoderoso pero espera nuestro consentimiento para actuar en nuestras vidas, y eventualmente en nuestro cuerpo. Espera pacientemente que le expresemos nuestras peticiones y nuestro sufrimientos, no hace nada contra nuestra voluntad, respeta nuestra libertad y nuestro caminar…
Sanación de cáncer de una niña
En Camagüey (Cuba) Danielita, que tiene hoy doce años, fue sanada de un cáncer invasivo e irreversible a la edad de tres años, con la intercesión de Olallo Valdés (religioso hospitalario).
Se le preguntó a la niña si recordaba de su enfermedad. Ella respondió:-Yo recuerdo que me pinchaban mucho en las venas. Mi mamá me contó que estuve muy enferma debido a un cáncer masivo de abdomen y que los médicos decían que no sobreviviría.
Ante la pregunta si cree que el hermano Olallo Valdés tiene alguna relación con tu sanación, Daniela expresa:
-Mamá me cuenta que cuando enfermé todos en casa, vecinos y amigos rezaban su oración pidiendo que intercediera ante Jesucristo para que yo no muriera.
La niña afirma que su curación se la atribuye a Jesucristo por la intercesión de uno de sus siervos, el Padre Olallo.


