Pedir salud a la Virgen María, la que desata los nudos
Haz la señal de la cruz. Pide perdón por tus pecados.
Reza un Padre Nuestro, tres Ave Marías y un Gloria.
Luego de cada petición repite “Por la salud, María desátame”
1-Virgen María, mira aquí, son tantos nudos en mi, ayúdame Santa Mujer, solo, no los puedo deshacer.
2-Todo mi cuerpo padece, esta cruel enfermedad, el dolor que me domina, mi alma no soportará.
3-Tan solo tiempo te pido, para pedir perdón a los que ofendí, para perdonar y para devolver bondad y amor sin fin.
4-Con tu poder infinito, que los nudos desatas quita de mi mal una parte que me pueda alivianar.
5-Si tú desatas mis nudos, ¡Oh Virgen!; yo te prometo, traerte mi alma, todo mi amor completo.
6- Madre nuestra, Madre mía, aboga por mí en el cielo.
A continuación agrega tú tus propias intenciones.
Termina rezando un Padre Nuestro, tres Ave Marías y un Gloria.
Pasos para orar sanación por heridas interiores
(Elige un lugar silencioso y un espacio de tiempo de por lo menos media hora).
1) Imagina a Jesús Resucitado, de pie delante tuyo que te mira con aprobación y con los brazos abiertos. Imagina y experimenta el amor que El te tiene. Míralo y deja que te mire. (No te apures).
2) Pídele a Jesús que te tome de la mano y te guíe hacia los momentos de tu vida en que se produjeron esas heridas. Imagina donde y como estabas en aquel momento ( si es posible con detalles).
3) Pídele a Jesús que llene ese vacío de dolor con su amor. Deja que te abrace y ve como su luz ilumina ese momento.
4) Imagina a Jesús que pone la mano sobre tu corazón y quiere sanar la herida (de odio, soledad, derrota, amargura, etc).
5) Pon en las manos de Jesús esas heridas y los sucesos que las produjeron y dile que confías en El. Dile que le entregas a El esas heridas y esos sucesos.
6)Comienza a darle gracias por lo que está haciendo y por lo que va a hacer. Si sabes un canto de alabanza: canta.
7) Pídale a Jesús que te guíe con su Espíritu Santo a hacer los cambios que Él le inspire.
Lee un texto bíblico, medítalo e intenta vivirlo en ese día.
La Virgen María y mis hijos
Mi nombre es María. Soy devota de la Virgen de Luján. La considero la madre de mis hijos, y madre mía.
Al cabo de un tiempo de casada quise tener un hijo. Era el mayor de mis anhelos y el de mi esposo también.
Pero no venían, comenzamos mi esposo y yo largos tratamientos, penosos y caros.
Me hacían inseminaciones artificiales, pero los niños no venían.
Mi hermana decide hacer una peregrinación a Luján (en Argentina se hacen todos los años), iría a rezar por mí.
Ese mes debía hacerme la tercera inseminación artificial, “lamentablemente este mes no podrá ser”, me dijo el médico.
Lo cierto es que ese mes, más precisamente el día de la peregrinación, quedé embarazada.
Así nació mi primer hijo, Pablo.
Con tratamiento logré el segundo embarazo que perdí a los pocos meses.
Luego, también con tratamientos llegó Matías, fue la alegría de todos.
“Ya no quedará más embarazada”, me anunciaron los médicos.
Pero una noche tuve un sueño, mi papá, (fallecido) estaba al lado de la Virgen de Luján, ambos me miraban, sonreían y se los notaban felices.
Al otro día lo supe, pronto llegaría Tomás.
Testimonio: La enfermedad, la eutanasia y el sentido de la vida
Silvie Menard, francesa, casada con un italiano, oncóloga, consultora del Centro de Oncología experimental del Instituto Nacional de Tumores de Milán, Italia, y especializada en el estudio del cáncer y de los nuevos fármacos para combatirlo, había escrito el testamento biológico pero al descubrir que estaba enferma de cáncer cambió de opinión.
Durante años trabajando entre enfermos graves, hospitalizaciones y tumores, Menard había expresado una postura favorable al testamento biológico. Luego, un día descubrió que quien estaba enfermo no era un paciente suyo sino ella. La diagnosis fue inclemente: un tumor en la médula ósea.
Dijo la oncóloga:“Desde entonces, mi vida ha asumido un significado diverso. Desde que estoy enferma, tengo ganas de vivir cada instante de mi vida, justo porque me doy cuenta de que es única”.
Relató que al principio tenía dudas de si seguir un tratamiento o no, exactamente la duda que asalta a cada paciente. Sabía que era muy difícil curarse, pero “incurable es diverso de intratable” expresó.
La doctora se sometió a tratamientos muy tóxicos, que durante algún tiempo le empañaban también la mente. Sin embargo, comentó, “incluso haciendo el trasplante de corazón a un enfermo se corre el riesgo de matarlo”.
Respecto a las propuestas de eutanasia y de testamento biológico, Menard precisó que “muchos en Italia están a favor de la eutanasia para los otros y no piensan en el fin de la propia vida”.
“Yo os puedo decir que cuando uno está sano no sabe cómo reaccionará en caso de enfermedad, por esto el testamento biológico escrito por una persona sana no tiene sentido”.
Se manifestó “contraria a la eutanasia porque el derecho a la muerte en aquel caso corre el riesgo de convertirse en un deber”.
Oración pidiendo sanación física
(Te aconsejamos disponerte para esta oración eligiendo un lugar adecuado y trata de imaginarte a Jesús Resucitado, Vivo, frente a ti, que te escucha con amor. Repite las frases diciendo su contenido. Si sientes de repetir alguna hazlo.)
Señor Jesús, creo que estás vivo y resucitado. Creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar y en cada uno de los que en Ti creemos.
Te alabo y te adoro. Te doy gracias, Señor, por venir hasta mí, como pan vivo bajado del cielo.
Tú eres la plenitud de la vida. Tú eres la Resurrección y la Vida.
Tú eres, Señor, la salud de los enfermos.
Hoy quiero presentarte todas mis enfermedades porque Tú eres el mismo ayer,hoy y siempre y Tú mismo me alcanzas hasta donde estoy.
Tú eres el eterno presente y Tú me conoces…
Ahora, Señor,te pido que tengas compasión de mí.
Visítame a través de tu Evangelio para que todos reconozcan que Tú estás vivo en tu Iglesia hoy; y que se renueve mi fe y mi confianza en Ti.
Te lo suplico, Jesús.
Ten compasión de mis sufrimientos físicos, de mis heridas emocionales y de cualquier enfermedad de mi alma.
Ten compasión de mí, Señor. Bendíceme y haz que vuelva a encontrar la salud.
Que mi fe crezca y me abra a las maravillas de tu amor, para que también sea testigo de tu poder y de tu compasión.
Te lo pido, Jesús, por el poder de tus santas llagas, por tu santa Cruz y tu preciosa Sangre.
Sáname, Señor. Sana mi cuerpo, sana mi corazón, sana mi alma.
Dame Vida y Vida en abundancia.
Te lo pido por intercesión de María Santísima, tu madre, la Virgen de los Dolores, la que estaba presente, de pie, cerca de la cruz.
La que fue la primera en contemplar tus santas llagas y que nos diste por Madre.
Tú nos has revelado que ya has tomado sobre Ti, todas nuestras dolencias y por tus santas llagas hemos sido curados.
Hoy, Señor, te presento en fe todas mis enfermedades y te pido que me sanes completamente.
Te pido por la gloria del Padre del cielo, que también sanes a los enfermos de mi familia y a mis amigos.
Haz que crezcan en la fe, en la esperanza, y que reciban la salud para gloria de tu Nombre.
Para que tu Reino siga extendiéndose más y más en los corazones, a través de los signos y prodigios de tu amor.
Todo esto te lo pido, Jesús, porque tú eres Jesús.
Tú eres el buen Pastor y todos somos ovejas de tu rebaño.
Estoy tan seguro de tu amor que aún antes de conocer el resultado de mi oración, en fe, te digo: Gracias Jesús, por lo que Tú vas a hacer en mí y en cada uno de ellos.
Gracias por las enfermedades que Tú estás sanando ahora, gracias por los que Tú estás visitando con Tu misericordia.
Curación de un bebé y el Divino Niño Jesús
En octubre del año 2006 di a luz a mi bebé. A las 8 horas de nacida convulsionó en dos ocasiones.
Los médicos la desahuciaron, era muy chiquitita para sobreponerse.
Pero mis súplicas al Divino Niño Jesús fueron escuchadas. Los días pasaron y yo seguía orando con mucha fe.
Los médicos dijeron que mi bebita tendría secuelas mentales y físicas si sobrevivía. Empecé la novena a mi amiguito Jesús. No me importaba como quedara mi hija pero quería la dicha de tenerla a mi lado y de darle todo mi amor.
Al cabo de un mes internada en el hospital, mi hija me fue entregada completamente sana, y milagrosamente sin ningún tipo de secuela.
Está por cumplir sus 2 añitos, ya camina, habla y es la niña más sana que he tenido a mi lado. En ella obró mi amigito Jesuscito por lo cual estaré toda mi vida agradecida y brindándole mi amor y mi fe.
GRACIAS DIVINO NIÑO JESUS POR ESTE INMENSO MILAGRO. GRACIAS. Camilita.

